Resumen
«Una carcajada vale más que
una hora de Yoga», se dice en la India. La alegría
del alma sana el cuerpo, renueva la vida, bendice los
espacios en que vivimos, redime las penas que sufrimos
en privado, en familia, en sociedad, en humanidad... La
alegría existe en las creencias de los pueblos
y en los incidentes de la rutina diaria, si sabemos reconocerla.
Hay que recogerla con cariño para incorporarla
con ilusión a nuestro día. La alegría
existe también en el evangelio, y descubrirla y
llevarla a la vida es nuestra tarea urgente. «Estad
siempre alegres» (Flp 4,4). Nos toca inaugurar con
gozo la pastoral de la alegría.