Resumen
Somos argentinos: reyes de la improvisación,
ególatras, ingenuos, trágicos como nórdicos,
apasionados, inseguros. Perón no pudo haber sido
sino argentino, pero también Borges lo fue, argentinados
ambos en su contradicción, exiliados adentro y
afuera, con odios antiguos sobre los hombros y la fatalidad
del destino guiando sus paso. Argentinos como el Che,
y como Gardel, y como los soldados correntinos de las
Fucklands.
"Me
siento argentino hasta en los defectos más vergonzosos.
Sin embargo, frente a la historia que me contaban mis
maestros ya resultaba ser un bicho raro: recité
durante años una Historia sin pelea, hecha por
hombres de bronce que miraban a lo lejos; aprendí
un país tan perfecto que nadie podría aenamorarse
de él. " "No había humanos aquí
sino argentinos, una especie de elegidos a los que la
realidad, sin embargo, se le negaba. Me enseñaron
que erámos los mejores, pero crecí observando
que siempre nos iba mal. Anoté año tras
año que nuestro destino era mañana, y hasta
llegue a escribir: Soy argentino porque espero. Esperar,
qué? Que todo cambie, que Perón vuelva,
que la dicatdura termine, que llegue el verano: una larga
espera sin atinar a nada, sino a que las cosas lleguen
solas.
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